DAMANTHAL: ENTRE HELNWEIN Y LA CIENCIA
por Julia Elena Sagaseta
La génesis de El experimento Damanthal parte del universo plástico, porque el director, Javier Margulis, ofrece a los intérpretes un mundo imaginario, el de Helnwein, un artísta austríaco contemporáneo que comienza a exponer en los años 70 y está ligado, al comienzo de su carrera, al Accionismo Vienés. Helnwein es un artista polifacético que también escapa de los géneros (su inicial relación con un grupo relacionado con la neovanguardia ya anuncia esa actitud posterior) y pasa por etapas muy variadas: del hiperrealismo a la abstracción, la fotografía, las Acciones (en el sentido de Beuys), relaciones con el pop, con el diseño, con el comic. Creo que lo más destacado es la borradura de fronteras entre pintura y fotografía, desterritorializando ambas. Es, también como Beuys, un artista comprometido con su tiempo del que muestra la veta más terrible. Sus autorretratos forman series en técnicas diferentes, pero conforman un imaginario reiterado: la cabeza o el rostro vendados, con sangre, o bien la boca o los ojos con instrumentos quirúgicos. Hay también series de niños vendados, figuras con horribles cicatrices y una instalación terrible que realizó en Colonia en recuerdo de la Noche de los Cristales: enormes retratos de niños tristes que ocupaban varias calles entre el Museo Ludwig y la Catedral. Un arte nada complaciente y al mismo tiempo de una gran perfección técnica y una notable calidad plástica.
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