January 1, 2000
Julia Elena Sagaseta
Argentina
ENTRE HELNWEIN Y LA CIENCIA
DAMANTHAL: ENTRE HELNWEIN Y LA CIENCIA por Julia Elena Sagaseta La génesis de El experimento Damanthal parte del universo plástico, porque el director, Javier Margulis, ofrece a los intérpretes un mundo imaginario, el de Helnwein, un artísta austríaco contemporáneo que comienza a exponer en los años 70 y está ligado, al comienzo de su carrera, al Accionismo Vienés. Helnwein es un artista polifacético que también escapa de los géneros (su inicial relación con un grupo relacionado con la neovanguardia ya anuncia esa actitud posterior) y pasa por etapas muy variadas: del hiperrealismo a la abstracción, la fotografía, las Acciones (en el sentido de Beuys), relaciones con el pop, con el diseño, con el comic. Creo que lo más destacado es la borradura de fronteras entre pintura y fotografía, desterritorializando ambas. Es, también como Beuys, un artista comprometido con su tiempo del que muestra la veta más terrible. Sus autorretratos forman series en técnicas diferentes, pero conforman un imaginario reiterado: la cabeza o el rostro vendados, con sangre, o bien la boca o los ojos con instrumentos quirúgicos. Hay también series de niños vendados, figuras con horribles cicatrices y una instalación terrible que realizó en Colonia en recuerdo de la Noche de los Cristales: enormes retratos de niños tristes que ocupaban varias calles entre el Museo Ludwig y la Catedral. Un arte nada complaciente y al mismo tiempo de una gran perfección técnica y una notable calidad plástica.
La obra de Helweing generó el proceso de investigación artística que emprendieron Margulis y sus actores. El horror que trasuntaban las figuras en los cuadros del pintor austríaco, el instrumental médico transformado en elementos de tortura, los vendajes que deformaban los rostros, llevaron a pensar mundos hospitalarios terribles y a imaginar al doctor Damanthal.
Lo que se fue produciendo en la escena, lo que contempla el espectador, puede leerse también como la composición de un tríptico. Pienso en los trípticos medievales y creo que se construyó, teatralmente, un tríptico hereje y bello.
Helnwein realizó obras tomando el modelo de esta antigua forma artística a la que desacraliza. El espacio escénico de El experimento Damanthal, resulta tener, desde este lugar de interpretación, la organización de la pintura medieval, sin perspectiva: hay una zona central en al que se mueven los actores, una parte superior, el ámbito de la nodriza que remite –en intertextualidad pictórica-, al barroco, con los claroscuros de los cortinados.
La composición escenográfica y la iluminación son elementos básicos de la propuesta plástica. La luz pinta la escena en distintas concepciones pictóricas, o bien, volcando el material hacia otra expresión artística, coloca los contrastes de una fotografía en blanco y negro.
La interrelación artística es prevaleciente. A la lograda composición plástica se une la música, especialmente compuesta por Adrián Odriozola. Ambos lenguajes, en paridad de significación, se unen al texto para expresar el mundo opresivo y cruel del Dr. Damanthal.
El texto cruza diferentes registros discursivos y se aleja de cualquier forma canónica de obra dramática. La escena tiene figuras que deambulan, que realizan acciones fortuitas o terribles, pero no hay personajes que enuncien porque no interesa a la propuesta el trabajo con el estatuto sustancialista.
En la interrelación, todos estos registros se unen para producir un efecto estremecedor. En la escena se ven cuerpos desgarrados, lacerados, sin identidad, sin definición, cuerpos que deambulan, que vigilan, que operan, que torturan, cuerpos fantasmas, cuerpos "sin órganos".
En El experimento Damanthal la acción está en las imágenes y no en el desarrollo de un conflicto. Esto no implica la ausencia de una narrativa. Por el contrario, se expone la historia de la clínica Damanthal.
No estamos, entonces, ante un tema abstracto, ante un teatro de imágenes extremadamente abierto.
Eso se traduce escénicamente a través de la producción de imágenes que no son dobles escénicos de lo que se oye, no hay "interpretación" en el sentido tradicional del término. Se ve a los actores/personajes (nunca están claramente explicitados) realizar acciones, poses, gestos, composiciones plásticas, que remiten, reafirman, señalan, potencian, hacen partícipes a las palabras.
Podemos volver a Holweing. Se pinta actuando. Se actúa con todos los lenguajes de la escena y se crea con ellos una obra plástica y teatral al mismo tiempo.
El conflicto del que habla el texto se produce escénicamente entre imágenes que se contraponen, se superponen, se atropellan. Imágenes que aparecen en distintos lugares al mismo tiempo, que casi saturan la posibilidad perceptiva del espectador y que producen una mirada intensa y despiadada de la historia.
Pero la obra es también un trabajo de montaje y la propuesta, entonces, se acerca al cine. Ya no sólo se pinta con la escena, también se filma. Se compone la escena desde el ojo de la cámara y desde la platea se la observa como una pantalla.
Se trabaja con los planos, generales, secuencia, en el espacio central en el que se mueven los actores, o primeros planos, en los pequeños espacios laterales que destacan los detalles.
El montaje señala los "instantes privilegiados" de los que Deleuze dice que se alimenta el cine. Rompiendo la linealidad del texto, las imágenes producen la coexistencia temporal y con ello la reiteración e intensificación del horror. Es la propia fuerza de las visuales o visuales-sonoras la que impacta.
Pero el montaje no es unidireccional. Como las imágenes no ilustran sino que apelan a la sensibilidad y al intelecto del espectador, éste puede crear tambíén su propio montaje. La escena, es, en este sentido, más rica en posibilidades que la pantalla.
El espectador se conmueve por haberse visto envuelto en una poderosa experiencia estética en la que el teatro se hace pintura, el espacio escénico se vuelve pantalla fímica, el pequeño recinto teatral lo involucra y lo hace salir del habitual rol meramente contemplativo. Y ello porque en El experimento Damanthal se produce una alquimia interartística cuyo resultado es una obra poética y estremecedora. Una obra que habla como pocas de la condición humana en sus extremos de dolor y belleza.




back to the top