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May 27, 2000
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TEATRO
Ernesto Shoo
Un poema atroz
“Kleines Helnwein”, escrita y dirigida por Rodrigo Malmsten. Con Belén Blanco y Martin von Tumpling. Música: Mariano Durand y Marcelo Vignolo. En El Callejón de los Deseos, los viernes a las 21.30. ADMIRABLE actuación de Belén Blanco en esta pieza fascinante. Con su impecable dominio técnico, comparable con el de los maestros antiguos, el austríaco Gottfried Helnwein (52) puede ser un agudo pintor mundano y también un minucioso cronista del espanto desatado en el mundo por el afán de poder y la exasperación de la violencia. El joven director, autor y también actor Rodrigo Malmsten, formado, entre otros maestros, junto a Daniel Veronese y Alejandro Tantanián (“El periférico de objetos”), parte de la pintura de Helnwein para mostrar, en forma de drama, cómo esa violencia, impersonal y en cierto modo clínica, degrada al hombre hasta convertirlo en un objeto, en otra máquina de destrucción (y también, naturalmente, de autodestrucción).
Admirable actuación de Belén Blanco en esta pieza fascinante
2000
El texto, con validez análoga a la de la música -ejecutada en vivo- y el registro visual, es un poema, dicho por una muchacha, acaso una niña, que monologa en un quirófano desolado. Decir que juega con un muñeco sería edulcorar una realidad atroz: la espantosa criatura de trapo, amordazada y con clavos en vez de pelo, bien podría ser un bebé de veras, cuya madre, sacada de quicio por la tortura (sobre todo psíquica), lo maltrata con ferocidad inaudita. Ráfagas de un oscuro pasado atormentan al personaje; futuro, no tiene. Belén Blanco es la intérprete admirable de esta pieza fascinante y, a la vez repulsiva. O sería mejor decir revulsiva. La expresión corporal y la vocal son un solo estremecimiento de miedo.Y de talento excepcional.
Como director, Malmsten convoca con maestría el fantasma inasible de una amenaza que, precisamente por carecer de forma concreta, crea una angustia difícilmente soportable. En este sentido, colaboran con eficacia la ambientación, las luces y la música, de resonancias ominosas.


Por Ernesto Shoo




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