01. September 2003
Hay de decidirse a creer” (Aira. 51), telenovelas rasas que, en la Buenos Aires de Iris Nieves, “al mismo tiempo que eran de una extravagancia demente, debían ser muy banales, muy esquemáticas, simplificaciones brutales de la realidad, a la medida del más amplio de los públicos” (ib.), Bandagen-Aktionen y hielmos de vendas echándoselas de parificadas por idolatría de lo sobrante sobresaliente y sacrificio de fisonomía en estrictura uniforme, divinamente previsible autosuficiencia de la epidermis (v. Gottfried Helnwein, Marlene, acuarela sobre cartón, 1983) arrugada y rajada en corola de brochazo florecido sin arte ni parte mientras el hombrecito espera el autobús clavándose un Crazy Red 13 (Jolie de Vogue - Nail Polish, Laboratorios de Cosméticos Vogue, Bogotá) de lápiz tan amargo cuanto la mancha del girasol azteca que tiene encima (v. Helnwein, Artaud’s Song, óleo y pastel, 1989), a fin de enganchar la dolorosa cantilena del espinazo, claro está, obscurísimo, espejeante, otro reflejo succionado por faz definida en gasa alquitranosa, ocultos los bulbos oculares, sin tenedor edípico, la gula de sí brillando apenas en el fiel salivar de una tarántula metálica metida en la boca, quizás dispositivo quirúrgico cuya función habitual debería consistir en mantener separados los tejidos, doble erina en el lugar repugnante de lo que ni se come ni se saca, freno o bocado al borde de motes engolados, orzuelo oral, no el tumorcito del párpado sino esa especie de cepo que se utiliza para cazar fieras por los pies (v. Helnwein, Black Mirror V, Cibachrome, 1987).
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