International Texts
January 1, 2012
Museo Nacional de San Carlos
Carmen Gaitán Rojo
Directora
Museo Nacional de San Carlos, espacio abierto al diálogo
Unidos los esfuerzos del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, del Gobierno del Distrito Federal —a través de su Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda—, de la Galería Hilario Galguera, del Monumento a la Revolución Mexicana, Galería Cimentación y del Instituto Nacional de Bellas Artes —por medio del Museo Nacional de San Carlos—, es que ha sido posible que hoy sea realidad la curaduría de Susan Crow­ley, quien logró reunir 34 piezas colo­sales y 14 fotografías del maestro Gottfried Helnwein. El entusiasmo y entrega de un sueño acariciado por la curadora desde 1988, cuando por primera vez se topó con los rostros gigantes de niños en Colonia, Alemania, y quiso traerlos a México, presentarlos ante la sociedad mexicana, finalmente se ha logrado tras veinticuatro años.
The Museo Nacional de San Carlos, Mexico City
2012
En el Museo Nacional de San Carlos estamos de plácemes porque la obra maestra de Pieter de Kempener, Las siete virtudes (1550) —óleo que forma parte del acervo de nuestro museo—, entra en diálogo con las pinturas y retratos hiperrealistas de Gottfried Helnwein, quien por primera ocasión se presenta en la ciudad de México con la muestra retrospectiva: Fe, esperanza y caridad. ¿De qué trata y qué expresa la plástica de este artista, quien fue un enfant terrible en su momento? Al estudiar su trayectoria encontramos una constante en su temática: la insatisfacción social y el fracaso en los intentos por alcanzar una sociedad igualitaria y homogénea. Ideas que representa valiéndose de una temática infantil en la que establece su compromiso con los derechos de los niños. Variados experimentos creativos impusieron su nombre en los años setenta, y ese motor contra la opresión que lo impulsa se ha convertido en una postura ante la vida que representa al hombre indefenso y vulnerable. El creador ha pugnado por la transformación social desde el arte; desde muy joven abrió espacios de libertad en una sociedad capitalista de posguerra, éstos fueron como oasis en el desierto y le causaron no menos de un descalabro frente a las autoridades de Austria, su país de origen.
Helnwein combina el fotomural con pintura en óleo y acrílico; las instalaciones de carácter público son una parte importante de su quehacer; el ejemplo lo tenemos en las fotos gigantes de niños mexicanos expuestas en tres edificios de la Plaza de la República, a escasos 200 metros de nuestro recinto.
La energía que encontramos en sus piezas es poderosa y llamativa, basta con observar los imponentes formatos hiperrealistas que dominan las salas temporales del Museo Nacional de San Carlos, el encuadre frontal deja una sensación de inquietud y asombro; él, Helnwein, desea remover las entrañas del espectador, sacudirlo y confrontarlo con el mal que ejerce la humanidad a sus semejantes. Diríase que el tono épico campea en este artista conceptual, pintor dibujante, muralista, fotógrafo y escultor.
Conocerlo en persona fue una revelación, pues contrario a la sensación de incertidumbre y congoja que provoca mirar sus cuadros, él es afable y no se da aires de importancia. Se trata de un hombre de pocas palabras, de hablar dulce y, diríase, casi
tímido. Cuando lo vi por primera vez en fotografías, con el inseparable pañuelo que le cubre la frente y parte de la cabeza, los lentes oscuros, los jeans desenfadados, me recordó más a un rock star de la canción —que dicho sea de paso, entre los jóvenes es muy conocido y popular por ser el ilustrador de las portadas de los discos de Marilyn Mason o del grupo musical Rammstein— que a un artista renombrado con una trayectoria de más de treinta y cinco años, la cual no sólo abarca la creación plástica, la fotografía o la instalación, ya que también ha impartido clases, dictado conferencias y ha colaborado en diversos proyectos, entre ellos: la realización de vestuario y maquillaje para la producción de Macbeth, de Hans Kresnik, el cartel promocional de la obra Lulu, de Frank Wedekind, así como la escenografía para el montaje de la ópera The Child Dreams, basada en una obra del escritor Hanoch Levin.
Otro capítulo que me fascinó de su vida: la inspiración de los cómics de Disney, que dio un giro a su vida, la amistad con Marlene Dietrich, con los Rolling Stones, con Michael Jackson; a cada uno lo integró en su galería de pinturas o de fotografías, todos ellos forman parte de nuestra memoria colectiva, por eso tenerlo en este recinto, entre no­sotros, con su muestra, es compartir no sólo el ensueño del Pato Donald sino toda la galería de su rica experiencia de vida.
Agradecemos a su esposa Renate y a su hijo Cyril su entusiasta participación para lograr con su decidido apoyo que la muestra se encuentre hoy en nuestro país.
Y como en cada ocasión que finaliza un proyecto, el debido reconocimiento a todo el equipo del Museo Nacional de San Carlos por emprender una aventura más y hacer posible que las piezas del maestro Gottfried Helnwein luzcan en todo su esplendor.




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