A lo largo del siglo XX y lo que llevamos de este, el arte se ha visto envuelto en una serie de transiciones cambiando ideales y revolucionando su propia definición, creo que su función se ha modificado después del siglo XX, Al vivir atrocidades históricas él hombre terminó siendo un ser miserable pero con posibles que permiten traerle un poco de felicidad, que convierten lagrimas en risas pues al final, el llorar como el reír vienen de lo mismo. Utilizando el dolor como una posible forma de manifestar algo, los artistas lograron transformar ese sentimiento en grandes obra de arte. Para ellos el proceso de creación terminó siendo: “Elaborar como materia propia la irremediable miseria de la materia humana, evitando la ofuscación producida por un sistema de prejuicios y reconduciendo al hombre a la expresión de lo vital y lo verdadero. (…) convirtiendo en ilusoria cualquier otra posibilidad. Solo de esta forma el hombre puede expresar, y por lo tanto retener y hacer propias, sensaciones inasibles y determinantes de la vida, como el deseo, la piedad, la desesperación y el terror.” 1 Esta frase descifra un poco la temática que abordan las obras de Helnwein, donde en cada pieza están contenidas las sensaciones del ser humano; tratar de hacer visible el dolor del hombre y al mismo tiempo reflejar qué ese dolor es provocado por él mismo. La idea de transmitir a través del arte el dolor provoca una serie de experiencias catárticas que permiten hacer de ese dolor universal una traducción hacia uno más personal, que provoque en el espectador una sensación que muchas veces deberá ser traducida como reflexión, universal para que sea identificado por cualquier hombre que contemple sus obras. “¡Nada humano me es ajeno!”. A pesar de vivir en una era que se describe sin alma, siempre hay una energía que proviene de algún lugar extraño, una simple manifestación artística que permite hacer de una sola imagen algo que sea comprendido por la mayoría. El llanto de un niño es un símbolo universal en el que su comprensión no necesita de idiomas ni idiosincrasias, es por eso que el arte de Helnwein legitima esta experiencia, porque de entrada el centrarse en el ser humano mantiene una sola lectura; la del ser humano; cualquier dolor y sensación me es conocida sin tenerla que haberla vivido, ya que puedo comprenderla.