
El texto, con validez análoga a la de la música -ejecutada en vivo- y el registro visual, es un poema, dicho por una muchacha, acaso una niña, que monologa en un quirófano desolado. Decir que juega con un muñeco sería edulcorar una realidad atroz: la espantosa criatura de trapo, amordazada y con clavos en vez de pelo, bien podría ser un bebé de veras, cuya madre, sacada de quicio por la tortura (sobre todo psíquica), lo maltrata con ferocidad inaudita. Ráfagas de un oscuro pasado atormentan al personaje; futuro, no tiene. Belén Blanco es la intérprete admirable de esta pieza fascinante y, a la vez repulsiva. O sería mejor decir revulsiva. La expresión corporal y la vocal son un solo estremecimiento de miedo.Y de talento excepcional.Como director, Malmsten convoca con maestría el fantasma inasible de una amenaza que, precisamente por carecer de forma concreta, crea una angustia difícilmente soportable. En este sentido, colaboran con eficacia la ambientación, las luces y la música, de resonancias ominosas.Por Ernesto Shoo