
En términos musicales, la nueva versión de la ópera Der Rosenkavalier (ElCaballero cíe la Rosa) estrenada la semana pasada por la opera de LosAngeles le hace justicia a las regocijantes melodías de Richard Strauss.Sin embargo, conceptualmente este Caballero es un paso en falso. Lo másirónico del asunto es que tres artistas austriacos hayan fracasado tanestrepitosamente con la puesta en escena de una ópera que rinde homenaje alesplendor cultural de Austria durante el siglo XVIII.
Tanto el director Maximilian Schell como el diseñador Gottfreid Helnwein yel coreógrafo Johann Kresnik son austriacos. En vez de reproducirvisualmente la opulencia centroeuropea de Strauss, estos tres creadores -especialmente el iconoclasta Helnwein - quisieron sorprender. Vaya si lolograron.El primer shock de la representación ocurre nomás al levantarse el telón.Nos encontramos en el suntuoso dormitorio de la mariscala (la intachableAdrianne Pieczonka), que acaba de pasar la noche acompañada por su jovenamante Octavio (interpretado con sutileza y encanto por la mezzosopranoAlice Coote).
Los decorados minimalistas de Helnwein, además del uso excesivo de tonosazules en la iluminación (el diseñador utiliza un color primario por acto;el segundo es amarillo y el tercero es rojo), crean un clima gélido quechoca abruptamente con el diálogo de reproches y susurros que comparten losenamorados.
El choque inicial se transforma rápidamente en delirio futurista. Lainoportuna llegada del barón Ochs, un insoportable patán que además esprimo de la Maríscala, se entremezcla con la irrupción de un sinnúmero depersonajes que intentan' acaparar la atención de la mariscala -mientrasOctavio se disfraza de doncella para disimular y el barón le pone los ojosencima-.
¿Qué hicieron Schell y compañía para agregarle una supuesta miradaposmodernista a este cuadro de divertida confusión? Nada más y nada menosque transformar al pobre Caballero de la Rosa en una película de cienciaficción, poblando el escenario con todo tipo de criaturas abigarradas,agentes secretos del siglo XX y hasta personajes con máscaras de conejo. Sila intención era destruir instantáneamente la atmósfera decadente delStrauss original, el resultado fue un éxito.
Gracias a estos excesos de interpretación artística, los momentos másbellos de la ópera - la meditación sobre el carácter pasajero de la vida ylas cualidades efímeras de la juventud por parte de la mariscala y el barón- quedaron relegados a un plano puramente musical.
Afortunadamente, el director de orquesta Kent Nagano no decepcionó. Lascualidades vocales de Kurt Rydl en el papel del barón Ochs fueronsimplemente descollantes, presentando a este entrañable personaje como ungrotesco monumento a la testosterona.
Cuando el barón confiesa a la mariscala que "quisiera ser Júpiter con susmil disfraces" para así seducir a todas las mujeres del mundo, es difícilno reírse ante su desfachatez.
Una lástima que los elementos visuales de esta atrevida puesta en escenahayan desentonado tan abruptamente con las melodías de Strauss.

Qué: 'Der Rosenkavalier'Cuándo: esta noche, el sábado 11 y el jueves 16 de junio, 7:00 p.m.; matinédomingo 19, 2:00 p.m.Dóndo: Dorothy Chandler Pavilion, 135 North Grand Avenue, Los Ángeles.Cómo: boletos de 25 a 190 dólares. Información: (213)972-0777 owww.losangelesopera.com.