- No tengo una carrera sustentada en la exposición, porque me parece que eso es muy difícil de mantener. Me interesa la interpretación y para eso sí hay que estar preparada y tener objetivos definidos.
Congeniar lo que pienso y lo que creo con lo que considero conveniente. Cuando se enfrenta la actuación hay que hacerlo con una identidad clara y formada.
- Quiero que me conozcan por lo que hago; no por cómo me visto, cómo es mi casa, si tengo un auto o si tengo novio. Es que al principio tuve que transar con cosas que no me gustaron del todo.
Es un alegato contra el autoritarismo contado desde la perspectiva de una niña mujer, abusada de chica, que se transforma en una especie de monstruo.
- Trabajé muchísimo y aunque no era un unipersonal, mi personaje era predominante. Me ejercité al cien por ciento con la voz, el cuerpo, la imaginación y con mucho material asociativo.
Fueron tres meses de ensayo y nueve de función. Me interesó la intimidad del personaje porque está todo el tiempo sola, con juegos muy perversos, en un universo frío y crudo. Me atraía cómo abordaba la infancia como un lugar muy siniestro, en medio de una sociedad muy hipócrita, parecida a la argentina.
Por lo menos compleja de sostener, porque estar sola en el escenario durante 45 minutos me daba miedo, pero me permitió hacer un trabajo con muchos matices.
- Me dio confianza como actriz
- No sé si me cambió pero me puso en un lugar difícil porque interpretar una obra que está llena de dolor me dejaba destruida. Creo que todavía me siento en la vorágine. Cuando estoy en una obra no me guardo nada. Me entrego. Soy actriz porque me da la posibilidad de transformarme en otra, y eso es maravilloso.
- Yo soy a veces inteligente, otras inocente, otras atropellada y otras muy frágil.
La interpretación pone sus límites; es una protección.
- Fue como un vértigo y luego un alivio, porque era el reconocimiento a un trabajo duro de sostener.
Sí, y me sentía muy tímida al subir al escenario. Siempre pienso que me voy a caer, tengo fantasías de todo tipo. Pero subí y me olvidé de todo, estaba contenta. Fue también una caricia al ego.
- Ana Karenina, Juana de Arco, Lady Macbeth, los de las obras de Chejov; me encantaría llevar a escena el cuento de Borges, Emma Zunz.
- Es que soy una personalidad salvaje; no soy muy sumisa. Me gustan los personajes extremos.