Al ingresar en la sala, el público se encuentra con un escenario a media luz, limitado por un nylon, a través del cual podrá observar las figuras borrosas de los músicos en vivo.La escenografía metálica genera un clima frío y distante.Kleines Helnwein, interpretada por Belén Blanco, se encuentra en escena, con el rostro oculto por sus manos que lentamente deslizará hasta dejarlo al descubierto.
La puesta se vale del lenguaje corporal con movimientos y desplazamientos no convencionales, la música en combinación con el texto y la proyección de diapositivas, recursos que se funden a lo largo de la obra en una misma idea.El texto, disparador de imágenes, sensaciones, recuerdos, permite que lo sensible y lo racional entren en un juego constante. Escucharemos frases como: "La piel de mi cabeza se seca y me duele mucho", "los toboganes derretidos, las hamacas derretidas, las muñecas yéndose."
Kleines vestida simplemente con una musculosa y un pantaloncito blanco, pasa de niña a mujer, de madre a hija, cambios que el público nota gracias a la plasticidad con la que la actriz modifica su actitud corporal, su voz y su expresividad de un momento a otro.El personaje comparte diferentes escenas con un muñeco vendado, lastimado y con la cabeza llena de cables de acero, oscilando en forma constante entre ternura y agresividad. Detrás del nylon aparece también una figura que representa al padre de la niña y que entabla con ella una relación en la que el abuso de poder es el factor en juego.
Hacia el final de la obra, Kleines pide dirigiéndose al público un caramelo, algo dulce," si es pequeño, no importa", dice como si solamente necesitara un simple acto de afecto. Para terminar, "Kleines Helnwein" es una obra movilizadora.Enfrentarla no sólo constituye un compromiso desafiante sino también invita a asumir un papel diferente en una sociedad donde "lo menos arriesgado" es el camino que más se transita.
por Andrea Lo Tártaro